Texto de presentación de Peregrinos de Shambala (Las ojeras del lobo)

 

wpid-1405634337106.jpgTomás preguntó al hombre: entonces si voy a Rishikesh, ¿encontraré lo que busco?. El hombre inhaló un poco más de humo, lo expulsó despacio y respondió: no sé si allá está lo que buscas, pero sí que está lo que necesitas.

Escuché por primera vez la llamada y los sonidos de la India de la mano de mi dulce señor George Harrison cuando aún adolescente – corría el verano 1971 – me gasté 3 pagas del domingo para ver 6 veces el concierto por Bangladesh en el cine Buenos Aires, el primero con niño famélico en la portada. Hacía tiempo que yo había sido abducido por George Harrison y Bob Dylan, mi dulce demonio, y estaba dispuesto a viajar, astralmente si fuera preciso, a cualquier destino en el que ellos hubieran puesto sus ojos. Ellos, sobre todo Harrison, pero también Lennon y McCarthy, y hasta el mismísimo Ringo Starr, sí, sí el cachondo de Ringo, habían dado la consigna:!A LA INDIA¡ habían ordenado años atrás cuando viajaron a Rishikesh con sus novias, sus flores en el pelo y sus groupies de amor insaciables para sacarse fotos, y de paso hacer un cursillo intensivo de meditación en el ashram del Maharishi Mahesh Yogi. Cuentan las crónicas, y dan fe los videos colgados en youtube, que al atardecer procesionaba la extraña cofradía hasta las orillas del Ganges, para hacer sus abluciones, cantando por el camino oh when the saints go marching in al estilo en que los boy-scouts cantan por el mar corren las liebres por el monte las sardinas tralará, o sea, ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras. Los que nunca nos enganchamos a la conga del Jalisco en las bodas familiares, tuvimos que soportar la visión de nuestros dioses, ayer en chupas y botas de cuero negro, hoy enseñando los dedos de los pies, haciendo el trenecito camino del río sagrado… oh when the saints go marching in. Y todo ello para sonrojo de los discípulos que, como yo, habíamos invertido el botín de la primera comunión y de la confirmación en comprar su discografía completa. Cuando Yogi le tiró los tejos a una jovencísima Mía Farrow recién divorciada de un vetusto Frank Sinatra, ella lo rechazó mientras gritaba: que horror, que negro y que peludo es este señor y ahí acabó el hechizo y se disolvió la cofradía para regresar cada mochuelo a su mansión en Malibú o la Riviera. Entretanto John Lennon estado bajando cada mañana a la oficina de correos para chequear si Yoko Ono, la otra, le había enviado el telegrama de cada día con mensajes de este tenor: mira al cielo y cuando veas una nube, piensa en mí (sic). Cinthya Lennon, la contraria, se quedaba en el ashram de cuerpo presente. Harrison, serio y concienzudo, se interesó seriamente por el sitar y no pararía de darle la vara a Ravin Shankar, hasta que este, harto de enseñarle falsetas, le recomendó volver a la Telecaster con la que había grabado sus mejores riffs. Sólo Harrison, tras su experiencia, perduraría en la búsqueda para hacer canciones llenas de encanto e inspiración. Hare Krishna Georgie.

Cuando muchos años más tarde, ya adulto, he podido viajar en persona, he mezclado una vez más lo contingente con lo necesario y como la paloma de Alberti, al observar a los parias de Delhi o Benarés cargando sus bicicletas de hierro con bultos descomunales, he confundido karma con fardo y he creído que aprendiendo a cargar mi bici como ellos, estaba gestionando correctamente mi desconcierto y mi perplejidad. Pocas bicicletas veréis en los verdes carriles de Sevilla tan bien aprovechadas como la que yo conduzco. Oh tu Varanasi de azafrán, oh tu ganga inmortal, ¡cuantas veces habré de cruzar tu cauce y cuanta leña será necesaria para fundir los hierros de la bici y convertir los fardos que cargo en humo!

Con estos antecedentes ha sido un placer leer Peregrinos de Shambala y hacer este tercer viaje de la mano de Tomás, de la mano de Rafa, este viajero solitario y sin embargo excelente compañero de fatigas, buscador comprometido, trotamundos con la guía gastada asomando del bolsillo del pantalón, aprendiz, y sin embargo versado, generoso, dispuesto a interpretar y explicar lo que a Mauricio le parece inabarcable. Tomás me resulta extrañamente familiar y cercano, un buen tipo al que me parece conocer de toda la vida y con el que me siento seguro y confiado a lo largo de las páginas de Peregrinos de Shambala. En varios pasajes me he reconocido en Mauricio al que en más de una ocasión he preguntado, lo que yo mismo me pregunto a diario ¿qué hace un chico como tú en un sitio como este? Existencialmente hablando, faltaría más.

Qué gran alivio ha supuesto para mí sustituir en el imaginario personal a los Beatles, a Mick Jagger, Donovan, Marian Faithful y toda su casta por los ya mencionados Tomás y Mauricio, pero también por sus nuevos amores, Luci y Amanda, por la cuadrilla que llega a trabajar en el sueño de Tomás, Tomasito, Pino, la Vinagreta, Jéssica del Mar que, cuando llegue la hora del regreso, volverán a su olivo en el Polígono o a cualquier otro barrio de Sevilla….hasta por el villano Guillermo Gómez del Tajo he llegado a sentir aprecio.

 

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